RECUERDOS…


“Aunque no sepamos manejarlo, nos queremos…”

Lo más que pude hacer fue estremecerme mientras un escalofrío me desbarataba la espalda.
Eso, simplemente eso, es lo que decía el ‘chat’… y fue suficiente como para crear esa reacción en mí mientras lo leía.

Hace unos días pensaba en lo difícil que es sacar de tu vida la presencia de una persona con la que compartiste tu intimidad. Es como un perfume que se queda impregnado por años, especialmente si compartían una rutina. Son cosas que se te hacen tan “permanentes” que cuando dejan de serlo no puedes evitar añorarlas o que las memorias te tomen por sorpresa así sea en momentos inoportunos.

Mientras me bañaba, recordé las charlas sin sentido aparente y los juegos con ligeros flirteos debajo de la ducha. Tener sexo con alguien no es cosa sencilla pero compartir ratos de desnudez sin lascivia de por medio… así, a lo simple… es más complicado aún. No tienes el embotamiento del deseo ni las ansias de consumir… simplemente eres un humano vulnerable ante otro humano. Ante una entidad a la que le diste la confianza de verte vulnerable y con todos tus defectos. Es parecido a dormir junto a otra persona. Para que pase se requiere de confianza, de cierto cariño.

A veces recuerdo su olor o la forma en la que deslizaba sus manos sobre mi piel. Los abrazos, las sonrisas… que me rozara los labios con los dedos… le gustaba hacer eso para dejarme pasmada. Y lo extraño.

Recuerdos… y verdades.
Lo cierto es que al final de los días lo que queda es eso. El disfrutar de las caricias sencillas. De los roces. Queda vivir de esas miradas que tienen todo lo que deben y no deben pero que las entiendes a la perfección. Sí, esas cosas son las que quedan luego de la convivencia. Luego que los bríos se opacan.


Su mensaje es cierto. Después de la obligada pero necesaria separación aún quedan sentimientos colgados. No, no sabemos manejarlos pero están. No sabemos encausarlos o encerrarlos… mucho menos suprimirlos. Se quedaron como almas vagando en espacios inciertos.

Hay días en los que quisiera despertar y no recordarnos comiendo juntos en mi cuarto o en X restaurante. En los que quisiera pasar por mi cocina sin imaginar su risa o estar en mi sala sin sentir que me toca. Esos días existen, pero también existen los que añoran tenerlo de vuelta. Los que extrañan esa naturalidad de querer y las salidas al cine. En los que quiero tener ese deseo de consumirnos la piel.
Existen. Esos y otros tipos de días.

A veces me pregunto si él sentirá las mismas cosas. Cuando nos topamos en los pasillos o estamos sentados cerca puedo sentir esa tensión sexual y sentimental entre nosotros. Quizá sea imaginación mía. Quizás no. Supongo que, si es cierto, igual no hay mucho que hacer. Otras veces supongo que con el pasar del tiempo aceptaré sus abrazos y acercamientos sin sobresaltarme o quedar aturdida. Sin que cada pequeño toque me recuerde un infinito de cosas.

“Nos queremos…”

Me gusta pensar en ese plural aunque sea triste. A veces me gusta recordar que lo quise posible. A veces…

[Extraído de mi viejo cuaderno de pensamientos]

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